martes, 5 de abril de 2011

De Cajas... de marcas y de ángeles caídos

Las Cajas de Ahorro... otrora aquel "obscuro objeto de deseo". Parece imposible pensar que aquellas entidades centenarias que significan la mitad del sistema financiero español hayan pasado, de la noche a la mañana, a ser el apestado al que lapidar.
¿Qué ha pasado para llegar a esta situación? ¿Realmente se han hecho las cosas tan mal? ¿Ha sido todo una campaña orquestada para romper el statu-quo del sistema bancario en España? Quizás un poco de perspectiva nos permita hacer un análisis que no pueda ser tildado de partidista. Un libro que estoy leyendo (Los diez pecados capitales del márqueting; Kotler) sostiene, entre otras cosas, que hoy día las empresas no logran diferenciarse y no son capaces de detectar potenciales amenazas.

¿Cómo amenazar a entidades focalizadas en un territorio en el que tienen gran implantación y con gran arraigo social y cultural? ¿Se ha preguntado alguien si la alocada carrera por crecer fue producto de alimentar un ansia de poder y de status social? Es bien sabido que la fama sobrevenida a alguien que no esté preparado mentalmente para soportarla es un regalo envenenado. En estos casos la autocomplaciencia de quien se regodeó de presentar crecimientos de dos dígitos durante períodos tan sostenidos en el tiempo ha llevado al sector a una reconversión forzada

Focalizo este escrito, como ya habréis detectado, en que el problema de las Cajas ha sido su estrategia de crecimiento, precisamente porque se ha carecido de tal estrategia. En un símil muy utilizado por un muy apreciado amigo es como si nuestros mayores bancos y las cajas más modestas hubieran ido por autopista a 120 Km/h con unos vehículos relucientes pero, mientras las mayores entidades del país tenían bajo el capó un motor en consonancia con la carrocería y que ha mantenido la velocidad sin despeinarse... algunas entidades más modestas han puesto al límite el motor y ha hecho que se resienta un vehículo que podía haber soportado un acelerón puntual para llegar a una meta determinada, pero al que han gripado al no cejar en el empeño de mantener el acelerador pisado hasta el fondo pensando en que la gasolina que suponía la financiación mayorista no se agotaría jamás... craso error.

¿Son graves los daños a este vehículo? Sin duda los daños son importantes pero, si miramos a nuestro alrededor, en la mayoría de casos podemos ver cómo la imagen corporativa no ha caído en desgracia en las zonas naturales de influencia de nuestras cajas, en donde siguen siendo percibidas como un elemento propio de la sociedad que las vio crecer. Llegamos en este párrafo al punto neurálgico del escrito: Lo peor del escenario descrito es que las cajas parecen haber renegado de su imagen de marca y se están embarcando en la generación de marcas de la noche a la mañana en una carrera hacia adelante que recuerda, de forma alarmante, que seguimos yendo a 120 km/h cuando por ley ya no debiéramos de superar los 110 km/h.

¿A dónde quiero llegar con estas líneas? Recordemos lo que se propuso en el segundo párrafo de este escrito... Las cajas no han sabido ver que la amenaza estaba larvada en su seno y que han consentido en perder su elemento diferenciador expandiéndose de forma indiscriminada en territorios no naturales. ¿Había alternativas? Una crítica sin algo constructivo no sería una crítica; podemos dibujar escenarios alternativos... ¿por qué no crecer fuera del territorio natural utilizando las nuevas tecnologías a la par que adoptando una marca diferenciada que no permita fagocitar la base de clientes tradicional? ¿Por qué no se apoyó el crecimiento en sinergias y vinculaciones con grandes clientes, que hubieran borrado barreras y generado negocio desde el primer momento en nuevas localizaciones? Hay tantos posibles escenarios y combinaciones de los mismos que realmente da vértigo pensar en ellos... incluso el actual escenario de creación de enseñas en territorios no naturales parece una buena opción siempre que no se pierdan de vista los valores que llevaron a la creación de las fundaciones que han sido la simiente de todo esto.

Como corolario, quizás sería deseable que alguien redujera la velocidad a la que todavía se mueve el sector para poder ver las señales (de identidad) que todavía pueblan la carretera por la que transitamos, puesto que a esta velocidad únicamente vemos flashes esperpénticos de lo que antaño fueron empresas enraizadas en su entorno. Como siempre... espero que alguien me lleve la contraria a lo aquí expuesto para enriquecer el prisma que conforma la realidad que nos envuelve.

martes, 15 de marzo de 2011

Niebla nuclear

Lo confieso, soy culpable. Escribo desde un ordenador portátil conectado a un router wifi mientras veo una película en mi televisión conectada a mi consola de videojuegos. Si tuviera diez años menos sería etiquetado de friki sin dudar... y lo peor es que, tras la confesión, he de decir que no tengo propósito de enmienda. No pienso sacrificar ni un ápice de la comodidad de la que disfruto y, aunque soy consciente que todo tiene un coste, no me he planteado dejar de encender la televisión ni el ordenador a fin de ahorrar energía y no tener que azuzar una demanda eléctrica que, hoy por hoy, sólo la energía nuclear puede satisfacer a unos costes razonables.

Lo ocurrido en Japón es una tragedia sin paliativos, pero el peligro nuclear que ha generado no debiera de cegarnos como una espesa capa de niebla: las centrales nucleares no están ahí para darnos inseguridad, si no para proveernos de energía para acometer las tareas más cotidianas: calentar la leche en el microondas al levantarnos, escuchar la radio mientras desayunamos, refrigerar y conservar los alimentos... y tantas y tantas cosas que son consustanciales a nuestra humana urbanidad que si nos la arrebataran retrocederíamos siglos culturalmente.

¿Quiero decir con esto que hemos de minimizar un posible (y cada vez más probable) desenlace fatal en Japón? En absoluto, pero no creo que congelar y paralizar las centrales nucleares sea la solución. Nuestra humanidad social reside en la capacidad que tenemos de afrontar los desastres como catalizadores para que se generen soluciones a cuestiones que antes de un determinado suceso no se habían percibido como problemas.

Crucemos los dedos para que lo sucedido en el país del sol naciente no pase de los titulares de los medios de comunicación... esos mismos titulares que brillan en el televisor, que resuenan en la radio y que deja la impronta de la rotativa. Esperemos que esos titulares no sean tan densos como la niebla que nos impidan razonar por nosotros mismos.

martes, 28 de diciembre de 2010

Bulimia informativa

Más de un trimestre sin escribir nada. ¿El motivo? Necesitaba hacer una cura de reposo informativa y, hasta que he tenido un período vacacional, esto no ha sido posible. ¿La razón? Saturación informativa; la ingesta de información ha sido tan grande y tan desinformativa para mí que he preferido hacer una sanación dado que cuanta más información leía (oía, veía, etc.) más ansiaba tener. Ésto ha provocado una necesidad de regurgitar lo que estaba todavía sin digerir para afrontar una nueva andanada informativa. El resultado ha sido el equivalente cerebral al peor dolor de estómago que se pueda soportar y me llevó a tomar la decisión durante el período vacacional que estoy disfrutando de digerir más despacio y seleccionar más las fuentes de información.

¿La amalgama resultante? Sigo, como el común de los mortales, sin entender nada de lo que acontece hoy día en el panorama político. Me he despertado hoy con la noticia de una subida del recibo de la luz para el año que estamos a punto de estrenar de más de un 9%. Ya está que todo en esta vida se puede relativizar, y que todos podemos utilizar las cifras para argumentar una posición para, a continuación, argumentar lo contrario. Lo cierto es que, como economista, no puedo echar la primera piedra sobre esta situación pero lo que sí pido es que las cifras en política tengan el tope de la integridad de los ideales de cada partido.

¿Por qué digo esto? básicamente porque me duele que un partido "obrero" haya hecho la batería de recortes más abultados de este siglo (aprovecharemos que el siglo comenzó hace una década). Yo, que soy muy dado a las expresiones costumbristas, he de citar una muy mallorquina que se da cuando alguien muestra sus carencias de forma tajante. En la isla decimos "és que no en sap més" (es que no sabe más). De nuestro presidente podríamos decir lo mismo.

¿A dónde nos lleva el escrito? A que, cuando el año pasado ya se vio que el proceso de salir del pozo sería lento y doloroso, ya se entreveía que la ley del péndulo actuaría y pasaríamos de una época de inversiones con tasas de retorno negativas (esos maravillosos carriles bici tardarán mucho a dar fruto) a una época en que se tendrían que sacrificar inversiones productivas por falta de financiación. Lo que no se esperaba un servidor es que éste movimiento lo hiciera el partido "obrero" en lugar de entonar un "no en sé més" (no sé más) y dejara las manos libres a un sucesor validado en unas primarias aceleradas.

Lo que hizo (por inacción) nuestro presidente pasará factura a la generación actual durante muchos años, muchos más que los dos que van a retrasar nuestra edad de jubilación; pero lo más grave es, una vez metidos en el hoyo, las acciones que está tomando y que pasarán factura a su propio partido político y, créanme, con esto perdemos todos dado que unos partidos fuertes e íntegros es lo que necesita nuestro país para generar el debate de ideas que se requiere hoy día.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Doctor, ¿por qué me afeitan las ingles cuando me pincha el corazón?

Acostumbrado ya a lo tedioso que son mis escritos he decidido darle un titular que captara la atención, ahora lo único que tengo que hacer es que el título quede en el subconsciente y navegue de neurona en neurona (antes solía decir que iba por el tejido neuronal, pero recientemente me han abierto los ojos y me han demostrado que las neuronas no conforman tal tejido). Así que intentaré ser  breve exponiendo lo que desarrollaré a continuación. Una aportación a la anterior entrada en el Blog preguntaba si lo que se está haciendo hoy en día a nivel de política económica nacional adolece de una buena ejecución o si, de otro lado, como reza el titular de la entrada, no se está viendo la verdadera naturaleza de la crisis y se está atendiendo al paciente sin tener en cuenta que (siguiendo con el símil hospitalario) lo que hay por ahí es un virus a nivel planetario.

Vamos a estrenarnos hablando de la Unión Monetaria Europea (UME). Al ser miembro de pleno derecho de la Unión (monetaria, recordémoslo porque es importante) se adoptó la moneda única, el Euro. Éste paso que pudiera pacer tan sutil tiene importantes consecuencias y es aquí donde entramos ya en materia: Un país, para articular medidas económicas, dispone de herramientas que podemos clasificar en dos grupos: medidas monetarias y medidas fiscales. Veamos un pequeño ejemplo de cada una de ellas:
  • Medida Monetaria: La más ortodoxa es establecer los tipos de interés de un país en un nivel determinado. ¿Por qué? Pues porque en los momentos del ciclo económico en los que todo parece ir bien parecería sensato pensar que hay que frenar un poco las cosas. Pongamos de ejemplo un carromato con caballos (sí, son demasiadas las películas del Oeste que servidor ha visto); en momentos en los que se va a la carrera la estabilidad del carromato corre peligro, sobre todo si hay algún bache o curva en el camino, por eso sería deseable poder frenar a los caballos. Volviendo a los tipos de interés eso se lograría estableciéndolos en niveles elevados, en donde la actividad económica se ralentizaría ante la dificultad de financiar oportunidades de inversión. Por contra, si lo que buscamos es acelerar el crecimiento económico parecería sensato establecer los tipos de interés en niveles más bajos para incentivar el crédito y animar a los agentes a invertir.
  • Medida Fiscal: Cada vez que cae una hoja del calendario y recibimos el sueldo la alegría nos dura lo que tardan en llegarnos los apuntes de los servicios básicos que consumimos: luz, agua, gas, teléfono, alquiler (o hipoteca). Pensándolo bien es normal que las entidades financieras estén demonizadas hoy día dado que han tomado el papel del antiguo cobrador que iba de casa en casa haciendo efectivos los recibos... el peor de ellos el de "los muertos" (el seguro de decesos). Pues bien, volviendo al hilo conductor del escrito las políticas fiscales incidirían aquí en aumentar o disminuir la renta disponible a fin de penalizar el consumo o de fomentarlo. Así, medidas como bajar el Impuesto sobre la Renta o el Impuesto sobre el Consumo (IVA) nos permitirían disponer de más dinero cada principio de mes para consumir (o para invertir, o para ahorrar).
   Una vez que hemos visto qué podemos hacer para animar la economía ahora viene el análisis de lo que se ha hecho: ¿bajar las retenciones del IRPF? no sirvió porque no fuimos conscientes de que teníamos más poder adquisitivo. ¿Hacer infraestructuras sin control como los carriles bici? Más valía que nos hubieran comprado bicicletas a todos para poder aprovecharlas. A mi juicio ha fallado el análisis de cómo hemos llegado hasta aquí: durante una década el crecimiento de nuestro país no ha tenido comparación entre sus homólogos europeos, pero ya hemos dicho que cuanto mayor es el crecimiento más patentes se hacen las debilidades ante cambios bruscos... y voilà, el carromato de la economía española volcó ante el bache que supuso la crisis inmobiliaria. Lo peor de todo esto es que hemos volcado sobre un lodazal sobre el que si nos movemos rápido lo único que hacemos es hundirnos más. Tal y como lo veo yo una situación a la que se ha llegado én una década no la podemos salvar en uno ni en dos ni en tres años. Es más, si lo que queremos es prevenir que se repita por las mismas circunstacias deberemos de hacer que cambie todo el marco económico que ha permitido que esto ocurra. Como bien dice un amigo mío que tiene mucho de sentido común (que, como ya sabéis, es el menos común de los sentidos), cambiar un modelo productivo supone invertir ahora en formación, y no podremos reciclar todo el capital humano; dentro de unos años en infraestructuras al efecto... y, si todo va bien, en una generación habremos podido cambiar el modelo. Ahora bien, ¿cómo puede hacerse eso con un período electoral cada cuatro años y con el sentido de visión de futuro que tienen nuestros dirigentes?  Se admiten apuestas (y no vale poner velas a Santa Rita).

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Dar de comer o quedar bien en los Presupuestos?

Ahora hace buen tiempo y los días son largos... ¿Quién no ha tenido ganas de coger todos los libros y apuntes de sus estudios y hacer una barcacoa con ellos? Máxime cuando se ve cómo lo estudiado no cuadra con la realidad que nos rodea. En esta tesitura me encuentro desde hace un par de años y por dos razones totalmente antagónicas: La primera fue la inyección de dinero a espuertas que hizo el gobierno español con el objetivo de compensar la bajada de la actividad privada; se instrumentaron diversas medidas que se han demostrado, como poco, no demasiado eficientes... máxime cuando la actividad empresarial no se recuperó y, en cambio, el agujero causado en las cuentas del Estado nos ha llevado una situación totalmente antagónica en la que la prioridad ya no es favorecer el crecimiento si no restablecer el equilibrio presupuestario.


Respecto a lo expuesto en el párrafo anterior cabe decir que, desde una perspectiva económica keynesiana (en la que el Estado asume un papel activo en la dinamización de la economía), la asunción de un determinado nivel de deuda para reanimar una economía maltrecha cuadra con los esquemas predefinidos... el problema es ejecutar programas eficientes que hagan que el dinero circule y pueda crear empleo estable que propicie el consumo responsable. La ortodoxia económica nos dice que la proporción de consumo es mayor en el segmento de rentas bajas, esto es, no por tener más gastamos más. Si esto es así parece que el caballo de batalla es elevar la renta disponible de este segmento dado que serán los más proclives a gastar más (o, simplemente, a llegar a final de mes sin tirar de la tarjeta de crédito).

Llegados a este punto nos toca ahora examinar alguno de los programas llevados a cabo en estos últimos años y enfrentarlos a nuestro sentido común:
  • Cheque bebé: No descubriremos nada nuevo si decimos que los 2500 euros con los que viene cada recién nacido bajo el brazo no van a servir para que el bebé se independice económicamente de sus progenitores, pero a partir de determinados niveles de renta de la pareja en estado de buena esperanza no parece que esta asignación sea de lo más eficiente.
  • Los Euros virtuales: La decisión del Ejecutivo de "regalar" 400 euros a los asalariados no parecía una mala medida aunque, como en el caso anterior, el hecho de hacerlo extensivo al conjunto de rentas bajas, medias y alta tampoco parece el método más eficiente, de hecho incluso el Gobierno se percató de esto y cambió los criterios de asignación a fin de restringir esta ayuda a los niveles de renta más bajos. Pero en este caso hubo un problema añadido... ¿dónde fueron a parar los 400 euros? se articuló un sistema por el que a cada trabajador por cuenta ajena se le retenía un porcentaje menor en la nómina, por lo que a final de mes se le veía incrementada la nómina en una cantidad mínima de la que nadie era realmente consciente.

Hasta aquí parece que las ayudas directas no han tenido los resultados que podríamos prever... pero es que las ayudas vía inversiones no le han ido a la zaga. El Plan E ha generado a lo largo y ancho de nuestro país unos carriles bici maravillosos y unas aceras relucientes. El problema es ahora que parece que los que han resultado beneficiados por estos planes han ido corriendo al concesionario de coches antes de que se acabaran las ayudas a la compra de vehículos nuevos.


¿A dónde quiero llegar con estas líneas? Lo único que pretendo transmitir es que parece que no hay un elemento de cohesión en las políticas emprendidas, fruto de una falta de visión global en lo concerniente a la política económica. El Estado debe ayudar a la maltrecha economía como el hermano mayor al hermano menor o como el padre a sus hijos, pero para ello requiere de unas bases y de unos razonamientos sólidos y que muestre a dónde quiere llegar. La última decisión ha sido reactivar unos proyectos de Obra Pública que se habían paralizado para paliar el déficit presupuestario. Estos cambios de sentido en las políticas no son la mejor señal para ayudar en un proceso de recuperación sostenido. De la misma forma tampoco creo que plegarse a las exigencias de la Unión Europea sea lo que más conviene a nuestro País. Sigo sosteniendo que una inyección de capital para aliviar la bajada en la actividad económica es lo que necesitamos, pero hay que cuidar muy mucho en qué se gasta dado que los grandes bloques económicos han puesto la lupa sobre cada decisión que tomamos... y un país como España no se puede permitir la retirada de la confianza (y del dinero) de los no residentes.


Como colofón y para revestir a este escrito de un espírito constructivo decir que del bache se sale si todos empujan hacia el mismo lado, y que lo más probable es que, aunque tengamos que asumir unos años más de desfase presupuestario, lo importante es que el dinero se emplee para elevar nuestro crecimiento potencial a largo plazo y no para pagos corrientes. Con esto quiero decir que hemos de poner en segundo plano el seguir ayudando al consumo corriente y primar la inversión en bienes que supongan cambios duraderos en el sistema productivo, intentando lentamente desplazar a la piedra y al sol el liderazgo en nuestro tejido productivo. Es un proceso arduo, costoso y sin fecha de finalización, pero está en nuestras manos marcar una fecha de inicio... ¿será hoy? lo dudo, pero soñar es gratis.